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# W47-Cosificación y alienación bajo los macrodatos

La semana pasada, la Administración Estatal de Regulación del Mercado publicó un borrador de directrices antimonopolio dirigido de lleno a las grandes empresas de Internet. Para ver el impacto, basta con mirar las velas de sus cotizaciones.

Justo esta semana conocí nuestra plataforma Quanjing («Panorama»), que utiliza datos para gestionar la relación con los usuarios. La riqueza de sus etiquetas superó lo que imaginaba. Rutas de desplazamiento, trabajo, preferencias gastronómicas, ocio y entretenimiento de cada persona: registra consumo y riqueza, pero también emociones y deseos.

A un individuo complejo se le cubre de etiquetas y se le asigna un precio para intercambiarlo en el mercado como un activo de datos. Esto me lleva a pensar en dos conceptos: cosificación y alienación.

Ambos pertenecen al pensamiento marxista. Mi comprensión es superficial, pero, dicho sencillamente, la cosificación transforma las distintas relaciones sociales entre personas en relaciones entre cosas, es decir, en relaciones de intercambio mercantil. La alienación puede entenderse como reducir el valor de una persona a una serie de datos e indicadores, y establecer así mecanismos de comparación entre personas, incluso sistemas jerárquicos.

Si miramos ahora esas «etiquetas» de las que hablamos, ¿no son el producto de un proceso de alienación? Decidir si la alienación es buena o mala es demasiado complejo y queda fuera del alcance de estas notas.

Quiero compartir otras dos ideas.

Una es de Li Xiang: «Las empresas de plataforma son especialmente poderosas hoy porque, además de las economías de escala tradicionales, cuentan con efectos de red e inteligencia de datos». La implicación es que los monopolios actuales son más difíciles de enfrentar que los trusts industriales como Standard Oil.

La otra viene del melancólico Yuval Harari. Aproximadamente, dice que, al ser los datos el activo más importante del siglo XXI, la lucha de la población contra la «marginación» tiene una magnitud comparable a la lucha contra la «explotación» en el siglo XX.

Desde esta perspectiva, la naturaleza del monopolio ya no se limita al mercado y a los negocios.

¿Qué podemos hacer? En algunos comentarios que he leído hay dos ideas aprovechables. Una es asumir más responsabilidades fuera de lo comercial: la responsabilidad social corporativa en la que Meituan siempre insiste. La otra es descentralizar el análisis y las decisiones mediante tecnologías de «inteligencia en el dispositivo».
