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# W34-Convertir los productos en servicios

El libro Salto digital describe seis formas de transformación digital, divididas en dos grandes grupos: internas y externas. Una de las transformaciones externas consiste en convertir un producto en servicio. Dos cosas que ocurrieron esta semana me hicieron pensar en ello.

La primera fue una conversación que escuché por casualidad en el ascensor al mediodía. Unos compañeros hablaban de cómo ganan dinero las tarjetas de crédito. Dudaban de su rentabilidad, porque captar usuarios cuesta mucho y pocos pagan a plazos.

Para responder, hay que aclarar primero qué es, en esencia, una tarjeta de crédito. En apariencia, es una tarjeta de plástico y una cuenta electrónica. Un nivel más abajo, satisface la necesidad de disponer de una línea de crédito reutilizable. Más al fondo, es un producto básico para construir una enorme red de confianza.

¿Para qué sirve el crédito? El orden de la sociedad moderna se construye sobre la confianza y los contratos. Las instituciones financieras son el mejor entorno para convertir esa confianza en valor económico. La tarjeta de crédito es uno de sus productos fundamentales para tejer una red que conecta personas, comercios, empresas de plataforma e instituciones financieras. En esa red no solo se pueden cobrar comisiones por pagos a plazos: puede producirse casi cualquier intercambio de valor. La tarjeta negra Centurion de American Express lo ilustra; el banco presta a sus titulares servicios de todo tipo. Aunque ese modelo tan personalizado no se puede escalar y solo atiende a un grupo extremadamente rico, permite entrever la esencia de la tarjeta de crédito. Yo la entiendo como la conversión de un producto en servicio a partir de una cuenta de crédito. La actual ola de tecnologías digitales acercará su diseño a esa esencia, como muestran algunas exploraciones de China Merchants Bank en servicios locales.

La segunda fue un ejemplo de Wang Yuquan en una conferencia. Decía que el taladro es un producto, pero lo que el usuario necesita es el agujero en la pared. Si alguien puede ir a casa y hacer el agujero, deja de ser necesario seguir iterando sin fin sobre el taladro. Pasar del taladro al agujero es pasar del producto al servicio. ¿Cómo se puede escalar esa transición y cuándo ocurrirá? Hoy, apoyándose en la infraestructura tecnológica digital, parece muy posible realizar el doble salto de los átomos a los bits y de nuevo al mundo de los átomos.
